Tormenta en la habitación 204
Abrí la puerta y Anna estaba en el umbral, con la blusa mojada pegada a las tetas y los pezones marcándose a través de la tela. Sus ojos recorrieron mi cuerpo y se detuvieron en mi entrepierna. —Max, déjame entrar, estoy empapada... —suspiró, aferrando su…