Vapor, vino y perdón
La casa de baños estaba cargada de calor, y entre el vapor que se arremolinaba solo podía distinguir su silueta: cálida, iluminada por la lámpara tenue, con gotitas pegadas a sus hombros. Llevábamos tres días sin hablarnos después de aquella estúpida pelea por la mudanza. Ahora estaba sentada frente a…