La audición en la carpa

5 min de lectura

La carpa estrecha olía a agujas de pino, sudor y esa tensión cruda que se había estado acumulando entre nosotros durante tres meses. Lena yacía sobre el saco de dormir con la chaqueta desabrochada, sus tetas llenas apenas desbordándose de la camiseta fina. La observé y sentí mi polla ya endureciéndose dentro de los pantalones cortos.

—Otra vez estás mirando —susurró, pero no había enfado en su voz. Solo un matiz ronco—. Después de esa pelea, prometiste que ya no me tocarías...

—Lo prometí —dije, deslizando la palma por su muslo desnudo, sintiendo su escalofrío—. Pero fuiste tú quien dijo que querías probar algo nuevo. Una audición, ¿recuerdas? Un secreto que nadie sabrá jamás.

Sus ojos brillaron. Lena se mordió el labio, observando mis dedos deslizarse bajo el borde de sus bragas.

—¿Crees que no hablaba en serio? —Abrió las piernas un poco más, dejándome tocar su raja caliente, ya resbaladiza—. Quiero que me folles como si estuvieras rodando porno. Duro. Sucio. Como si hubiera diez tíos detrás de la cámara masturbándose.

Esas palabras me dejaron sin aliento. Le bajé la cremallera de la chaqueta del todo, le quité la camiseta por la cabeza. Sus tetas llenas saltaron libres, los pezones oscuros ya duros como piedras. Me incliné y chupé uno con avidez, lamiendo y mordiendo.

—Oh, joder... —jadeó Lena, clavando los dedos en mi pelo—. Más fuerte, Sergey... Chúpame como si fuera una audición para la puta principal.

Le arranqué las bragas y las tiré a la esquina de la carpa. Su coño brillaba de jugos, depilado como a ella le gustaba antes de un viaje. Pasé la lengua por su clítoris y luego le metí dos dedos sin avisar. Lena arqueó la espalda, golpeando la cabeza contra la tela de la carpa.

—Síii... justo así... más profundo —gimió, frotando las caderas contra mi mano—. Imagina que es una prueba de cámara. Tengo que demostrar cómo la chupo... y también por el culo.

Me incorporé y me bajé los pantalones. Mi polla gruesa saltó libre, la cabeza ya brillando de líquido preseminal. Lena la agarró con su palma caliente, tirando de mí hacia ella.

—Déjame chuparla —dijo, mirándome directo a los ojos, descarada y desafiante—. Como en una audición. Hasta el fondo. Hasta que llore.

Abrió la boca e inmediatamente me metió casi la mitad, haciendo sonidos húmedos y ruidosos. La agarré del pelo y empecé a follarle la garganta lentamente. La saliva le corría por la barbilla, goteando sobre sus tetas. Lena se atragantó pero no se apartó; solo gimió más fuerte y me miró desde abajo.

—Buena chica... —gruñí—. Más profundo. Tómatela entera. Demuéstrame lo puta que eres en las audiciones.

Ella se apartó, jadeando, con los ojos brillantes.

—Ahora fóllame. Primero el coño. Duro, como si el director gritara «¡más fuerte!».

La puse a cuatro patas. La carpa era estrecha, chocábamos contra las paredes, pero eso solo lo hacía más excitante. La embestí con una estocada brusca, hasta el fondo. Lena soltó un gemido fuerte, aferrándose al saco de dormir.

—Ohhh, joder, qué gruesa la tienes... Destrúyeme, Sergey... ¡Más profundo!

Empecé a follarla con fuerza, mis pelotas golpeando contra su coño mojado. Cada embestida venía con un chapoteo húmedo y sus gemidos fuertes. Le di una palmada en el culo redondo, dejando una marca roja.

—Grita más fuerte. Que piensen que estamos rodando porno aquí dentro —bromeé, acelerando el ritmo.

—¡Ahhh! ¡Más! ¡Fóllate a tu mujer como un extraño en un casting! —Ella empujó hacia atrás, empalándose en mi polla.

Me salí, resbaladizo de sus jugos, y presioné la cabeza contra su culo apretado. Lena se quedó quieta y luego exhaló:

—Sí... ahí también. En mi culo. Hasta el fondo. Quiero sentirte correrte dentro de mí.

Empujé lentamente pero sin piedad en su agujero caliente y apretado. Lena siseó y luego soltó un gemido largo y prolongado cuando empecé a moverme. Le tiré del pelo como una correa, con la otra mano apretándole la teta, pellizcándole el pezón.

—Tu culo está tan apretado... me aprieta como si no quisiera soltarme —gruñí, acelerando.

—Porque soy tu puta... esta noche... en esta audición... —Casi gritaba—. ¡Córrete en mí! ¡Quiero sentir tu semen llenándome el culo!

Su cuerpo empezó a temblar. Sentí el coño de Lena contraerse aunque yo estaba en su culo: se corrió tan fuerte que sus jugos le corrieron por los muslos. Eso me empujó al límite. Me enterré hasta el fondo y descargué, inundando su culo caliente con semen espeso. Lena aulló de placer, apretándose a mi alrededor.

Nos desplomamos sobre los sacos de dormir, jadeando. El semen goteaba lentamente de su culo, manchando la tela. Lena se giró y me besó en los labios, todavía temblando.

—Eso... fue mejor que cualquier audición —susurró con una sonrisa—. ¿El secreto queda entre nosotros?

—Hasta que pidas una repetición —dije, pasando el dedo por su raja mojada, y la oí reír suavemente.

—Entonces prepárate. Mañana hay otra «prueba de cámara».

¿Qué pasó después?Inicia sesión y la IA continuará este relato especialmente para ti. Gratis.
Descubre qué pasó después
Categorías: