Perdido en la autopista
"Perdiste", le recordé, viendo sus bragas húmedas volar hasta mi regazo. "Quítatelas".
Se mordió el labio, echó un vistazo a la carretera vacía y subió lentamente el dobladillo de su vestido. Lena se deslizó la seda. La tela estaba caliente, pegajosa por su excitación.
"¿Contento ahora?", exhaló con voz ronca.
"Todavía no", dije, presionando más contra mi asiento, sintiendo la cremallera tensarse contra mi polla dura como una piedra. "Pásate aquí. Ahora".
Se desabrochó el cinturón y pasó una pierna por encima de la consola central. Su culo firme y cálido se posó sobre mis muslos, el vestido subido hasta la cintura. El aire de la cabina olía a sol, a su piel y a ese deseo espeso y dulce.
Lena se soltó el cinturón, pasó la pierna por encima de la palanca de cambios con soltura practicada y aterrizó en mi regazo mirando al volante. Su culo redondo presionó justo contra mi polla ya tiesa. El vestido se le había arremangado hasta la cintura. Mantuve una mano en el volante y metí la otra directamente entre sus muslos. Su coño estaba caliente, depilado y ya chorreando.
"Joder, Lena... estás empapada como una maldita zorra", susurré contra su nuca.
"Cállate y fóllame de una vez", espetó ella, pero la voz le temblaba de necesidad. "Perdí, ¿no? Así que úsame".
Me abrí los vaqueros. Mi polla saltó, pesada y palpitante. Lena se levantó, la agarró con la mano y bajó despacio. El glande separó sus labios mojados y se deslizó entero. Gimió, dejando caer la cabeza sobre mi hombro.
"Oh, fóllame... qué gruesa...", susurró, empezando a mover las caderas con un ritmo lento.
El coche se balanceó levemente en el carril mientras yo intentaba mantener la velocidad. Su coño me apretaba caliente y estrecho, cada embestida desde abajo la hacía gemir. El olor de su excitación inundó toda la cabina: dulce, denso, femenino.
"Más rápido, Lena... cabálgame más fuerte", gruñí, apretándole las tetas a través de la tela fina del vestido. Tenía los pezones durísimos.
"¿Y si nos para la policía?", jadeó, pero aun así aceleró el ritmo, su culo mojado chocando contra mis muslos.
"Entonces todos podrán verte rebotando en la polla de otro hombre justo después de tu divorcio", respondí, soltándole una palmada seca en la nalga.
Gritó de placer. Tomé el control: un brazo rodeándola, clavándola contra mí, la otra mano frotándole el clítoris rápido. Lena empezó a temblar, la respiración entrecortada.
"Voy a... joder, voy a correrme... ¡no pares!", casi gritó.
Su coño empezó a contraerse con fuerza, ordeñando mi polla. El jugo caliente resbaló por el tronco y sobre mis huevos. No pude aguantar más. Pisé el acelerador, clavé la polla hasta el fondo y me corrí dentro de ella en chorros largos y potentes. El semen salió caliente y espeso, inundándola hasta el borde.
Lena se quedó flácida sobre mí, respirando fuerte. El coche seguía rodando por la autopista. Me desvié suavemente al arcén y paré. Se giró hacia mí, todavía sentada sobre mi polla mientras esta se deslizaba lentamente fuera de su coño lleno de semen.
"Eso ha sido... jodidamente increíble", susurró, besándome en los labios. "Pero acabamos de empezar el divorcio, ¿no?"
Sonreí, pasándole los dedos por la raja resbaladiza, recogiendo nuestros jugos mezclados.
"Te queda un montón de papeleo por delante. Y yo tengo un montón de ideas para que pagues tus pérdidas. ¿La próxima vez quieres hacerlo en mi casa? ¿O directos a tu nuevo piso de soltero?"
Lena soltó una risa baja y satisfecha, arrastrando la lengua por mis labios.
"Mierda, hagámoslo en el coche en todas las autopistas de este país. Ahora soy una mujer libre... y me encanta, joder".
Se deslizó de mí despacio, dejando una mancha húmeda en el asiento. Sus bragas se quedaron en mi guantera. Volvimos a incorporarnos a la carretera. El sol ya estaba alto y delante se extendía una larga autopista vacía... y un montón de kilómetros más que recorreríamos juntos.
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