Liberación en carretera

6 min de lectura

En el momento en que entré en el tranquilo estudio de masajes al borde de la carretera, mis ojos se fijaron en ella. Lena era una desconocida impresionante con piel bronceada, pantalones de yoga ajustados que abrazaban su firme culo y un top corto que apenas contenía sus pechos llenos. La tensión chisporroteó al instante entre nosotros, mi polla ya se estremecía al pensar en sus manos sobre mí. Llevaba un pequeño local justo al lado de la autopista, atendiendo a viajeros cansados como yo.

"¿Largo viaje?", preguntó, con voz baja y ronca mientras me guiaba a la habitación privada. El aroma del aceite de eucalipto se mezclaba con algo más cálido, más primitivo.

"Sí, llevo horas en la carretera", respondí, dejando caer la mirada hacia el movimiento de sus caderas. "Necesito deshacer unos nudos serios... entre otras cosas."

Lena sonrió, con un brillo travieso en los ojos. "Puedo encargarme de los nudos. Desnúdate y túmbate en la camilla. ¿Masaje completo hoy?"

Me quité la camisa y los vaqueros, y mi polla medio dura saltó libre mientras me colocaba boca abajo. La sábana fría no ocultaba en absoluto mi creciente erección. Sus manos estaban calientes, resbaladizas por el aceite, empezando por mis hombros pero deslizándose rápidamente más abajo.

"Dios, tu espalda está tensa", murmuró, hundiendo los pulgares. "Pero creo que primero necesitas alivio en otro sitio."

Sus dedos rozaron la curva de mi culo, luego se deslizaron entre mis muslos, rozando mis huevos. Gemí, levantando las caderas instintivamente.

"Joder, Lena... eso se siente demasiado bien para ser solo un masaje."

Ella rió suavemente, con su aliento caliente contra mi oído mientras se inclinaba sobre mí. "¿Quién dijo que era solo un masaje? Vi cómo me mirabas ahí fuera. Tu polla ha estado suplicando desde que entraste."

Me di la vuelta, con mi polla ahora dura como una roca y palpitante, el líquido preseminal brillando en la punta. Los ojos de Lena se abrieron con hambre. Se quitó el top, sus pesados pechos rebotaron libres, los pezones duros y oscuros. Sin decir una palabra, se subió a la camilla, a horcajadas sobre mis muslos. La luz exterior se filtraba por la ventana abierta, los pájaros cantaban en el bosque cercano como si nos animaran.

"Tócame", susurró, guiando mis manos hacia sus tetas. Las apreté con fuerza, pellizcando sus pezones hasta que gimió. Su coño ya estaba empapado a través de sus finos pantalones. Se los bajé de un tirón, dejando al descubierto su raja afeitada y brillante.

"Mira ese coño mojado", gruñí, deslizando dos dedos por sus pliegues. Estaba chorreando, el clítoris hinchado y suplicante. "¿Te pones así de cachonda con cada desconocido que entra?"

"Solo con los que tienen pollas grandes como la tuya", respondió ella, envolviendo su mano alrededor de mi verga y masturbándome con firmeza. "Ahora cállate y fóllame. Lo necesito profundo."

La puse boca arriba, la camilla de masaje crujiendo bajo nosotros. Abriéndole las piernas de par en par, froté mi grueso glande arriba y abajo por su raja, provocando su entrada. Luego la penetré con fuerza, enterrando la mitad de mi longitud de una sola embestida. Sus paredes se apretaron a mi alrededor, calientes y aterciopeladas.

"¡Oh, mierda... sí!", gritó Lena, clavándome las uñas en los hombros. "Fóllame más fuerte. Llena ese coño."

La embestí sin parar, el sonido húmedo de la piel chocando resonaba en la pequeña habitación. Sus tetas se sacudían con cada embestida, el sudor perlándose entre ellas. Me incliné, chupándole un pezón en la boca mientras mis caderas golpeaban hacia adelante, mis huevos chocando contra su culo.

La brisa exterior traía el aroma a pino por la ventana, intensificándolo todo. Me retiré de repente, haciéndola gemir.

"Date la vuelta. Quiero ese culo jugoso arriba."

Ella obedeció al instante, poniéndose a cuatro patas. Su espalda se arqueó, presentando su coño chorreante y su pequeño agujero apretado. Le di una nalgada, viendo cómo se ondulaba, y luego volví a penetrarla por detrás. El nuevo ángulo la hizo gritar.

"¡Ahí mismo... joder, me estás dando en el punto!", jadeó, empujando hacia atrás contra mí. "No pares. Voy a correrme por toda tu polla."

Le agarré las caderas, follándola más rápido, con mi pulgar rodeando su clítoris. Su cuerpo se tensó, el coño aleteando salvajemente mientras se corría con fuerza, los jugos salpicando alrededor de mi polla y empapando la sábana.

"¡Jodeeer!", gritó, temblando.

Pero no había terminado. Reduje la velocidad, saboreando sus espasmos, luego me retiré y la giré de nuevo. Esta vez me puse de pie al borde de la camilla, levantando sus piernas sobre mis hombros. Volví a penetrarla, más profundo ahora, viendo cómo mi polla desaparecía en su coño estirado.

"Estás tan jodidamente apretada después de correrte", gruñí, con el sudor goteando por mi pecho. Los sonidos del exterior se desvanecieron mientras nuestros gemidos llenaban el espacio. Bajé la mano, frotándole el clítoris con furia mientras la embestía.

Los ojos de Lena se pusieron en blanco, otro orgasmo se acumulaba rápidamente. "Córrete dentro de mí... por favor. Quiero sentirlo."

Sus palabras me empujaron al límite. Me enterré hasta el fondo, gimiendo mientras mi polla palpitaba, disparando gruesos chorros de semen profundamente en su útero. Ella se apretó a mi alrededor, ordeñando cada gota, su propio clímax estallando de nuevo en oleadas.

Nos desplomamos juntos, con la respiración entrecortada y los cuerpos resbaladizos. El zumbido lejano de los coches en la carretera nos recordó que éramos solo dos desconocidos que habían encontrado una liberación explosiva en este lugar escondido.

"La mejor parada en boxes que he hecho nunca", dije con una sonrisa, besándole el cuello.

Lena rió entre dientes, trazando un dedo por mi pecho. "Vuelve siempre que estés en la carretera. Tendré el aceite listo... y mi coño mojado."

¿Qué pasó después?Inicia sesión y la IA continuará este relato especialmente para ti. Gratis.
Descubre qué pasó después
Categorías: