Compañeros de cuarto por la noche
La pequeña habitación de hotel —una cama grande, una lámpara tenue proyectando sombras en las paredes— ya estaba cargada de tensión. Yo era Alex, sentado en el sillón, mientras frente a mí, en el borde del colchón, estaba nuestra compañera de cuarto "accidental", una pelirroja llamada Lena del departamento vecino en un viaje de trabajo. Su marido, un tipo moreno y fornido llamado Mark, estaba sirviendo una tercera copa de vino tinto. Nuestras miradas no dejaban de cruzarse: Lena mordiéndose los labios mientras me veía ajustarme la camisa, y Mark notando cómo sus dedos rozaban casualmente mi rodilla.
—Entonces, chicos —dijo arrastrando las palabras con una sonrisa pícara, recostándose en las almohadas—, el vino se acabó, pero la noche apenas empieza. ¿O vamos a seguir fingiendo que solo somos compañeros de piso?
Mark resopló, dejando la botella en la mesita de noche.
—Lena, ¿otra vez con eso? Aunque… Alex, ¿te parece bien que dejemos el teatro?
Sentí el calor subir por mi cuello. Mi corazón latía con fuerza. Lena ya se había desabrochado el botón superior de la blusa, dejando ver el borde de encaje del sujetador.
—Pensé que solo estaban coqueteando —dije, levantándome y acercándome—. Resulta que son swingers con experiencia.
—Con experiencia —confirmó ella, tirando de mi cinturón—. Y nos encanta cuando un vecino nuevo se une. Consensuado, por supuesto.
Su palma presionó contra mi entrepierna, y no pude contenerme: me incliné y la besé. Sus labios estaban cálidos, con sabor a vino. Mark se movió detrás de ella, rodeando sus hombros con los brazos y desabrochando lentamente el resto de su blusa. La tela se deslizó, revelando unos pechos llenos con pezones ya duros.
"Mira lo mojada que está ya", susurró Mark a mi oído con una sonrisa. "Lena, dile a Alex lo que quieres."
"Quiero que me folléis los dos", suspiró, mirándome fijamente a los ojos. "Primero con vuestras bocas… y luego lo que pase. Y quiero que te corras dentro de mi coño mientras Mark mira."
Me dejé caer de rodillas entre sus piernas abiertas. Sus bragas estaban empapadas. Se las bajé, dejando al descubierto su coño suave y depilado, y pasé la lengua por su clítoris. Lena arqueó la espalda, clavando los dedos en mi pelo.
"Oh… joder, sí… más profundo, Alex…", gimió, mientras Mark estaba de pie a nuestro lado, acariciándose lentamente la polla ya dura a través de los pantalones.
"Qué vista tan hermosa", dijo con voz ronca. "Adelante, Lena, tómaselo en la boca mientras él te come el coño."
Lena buscó mi cremallera, la bajó y sacó mi polla, ya resbaladiza de líquido preseminal. Envolvió el glande con los labios y empezó a chupar, metiéndomela hasta el fondo. Gemí contra su coño, acelerando la lengua. Sus caderas temblaban, los jugos le corrían por la barbilla.
Después de un par de minutos, ella se apartó, jadeando.
"Basta… los necesito a los dos dentro de mí. Mark, túmbate. Alex, fóllame por detrás."
Mark se tumbó boca arriba y Lena se montó sobre él, deslizándose lentamente sobre su gruesa polla. Su coño se estiró alrededor de él, tragándoselo por completo. Soltó un fuerte gemido y empezó a cabalgarlo arriba y abajo.
"Joder, qué bueno… Alex, vamos, en mi culo… estoy lista."
Me coloqué detrás de ella, escupí en mi palma, lubriqué mi polla y me deslicé en su culo apretado. Lena se quedó inmóvil, luego arqueó la espalda y aulló de placer. Encontramos un ritmo juntos —yo embistiendo su culo, Mark follando su coño mojado desde abajo. La habitación se llenó de palmadas húmedas, gemidos y el olor a sudor y excitación.
"¡Más rápido… los dos… me voy a correr!", gritó, temblando por completo.
Mark le agarró las caderas, metiéndole la polla hasta el fondo.
—Córrete para nosotros, cariño… muéstrale a Alex lo zorra que eres…
Lena gritó, su cuerpo convulsionando en un orgasmo potente. Su coño se apretó alrededor de la polla de su marido, su culo latiendo rítmicamente alrededor de la mía. No pude aguantar más —con un gruñido, me corrí profundamente en su culo, inundándola de semen. Mark lo siguió un segundo después, disparando semen caliente directamente en su coño.
Nos desplomamos en un montón sobre las sábanas arrugadas, jadeando y riendo. Lena quedó entre nosotros, resbaladiza de sudor y de nuestro semen, que le goteaba lentamente de ambos agujeros.
—Entonces, compañeros de piso… —exhaló con una sonrisa satisfecha—, definitivamente no van a olvidar este viaje de trabajo.
Mark cogió una botella de agua.
"Y mañana por la mañana podemos repetir. Solo que esta vez quiero ver a Alex follarte la boca mientras yo te lamo el clítoris."
Me reí, sintiendo el calor agitarse de nuevo en mis entrañas.
"Trato. Solo espero que el servicio de habitaciones no entre en el momento equivocado."
Lena se giró hacia mí, deslizando un dedo por mi pecho, y susurró:
—Y si lo hace… ¿quizá se una? Digo, somos swingers, ¿no?
Los tres estallamos en carcajadas, sabiendo perfectamente que esta noche en la habitación apenas estaba empezando.
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