A deshoras en la cubierta del yate

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I couldn’t stop thinking about Marcus all night. The way his eyes kept sliding over my wedding ring while we laughed at the bar, the low timbre of his voice when he said my name—Lila—like it tasted good. By the time the last customer left the waterfront restaurant, the tension between us crackled hotter than the kitchen grills we’d just shut down.

Marcus cerró la puerta principal con un clic suave. El comedor brillaba bajo luces colgantes tenues, las mesas vacías aún salpicadas de servilletas a medio doblar. El aire salado entraba desde la terraza abierta que daba al puerto deportivo. Mi pulso martilleaba contra mi garganta mientras limpiaba el último mostrador, hiperconsciente de que él me observaba desde el otro lado de la sala.

“You keep looking at me like that and I’m going to do something stupid,” I said, voice breathy.

He crossed the floor in three strides, tall and broad-shouldered in his crisp white shirt, the sleeves rolled to show tanned forearms. “Stupid like what, Lila?” His fingers brushed my wrist, sending sparks straight between my legs. “Tell me you haven’t been wet for me since you sat at my table tonight.”

El calor me subió a la cara. Estaba casada. Sabía que no debía. Pero llevaba horas con los pezones apretados contra la blusa y las bragas ya se me pegaban. “Lo he hecho —susurré.”

No hizo falta más. Marcus me dio la vuelta, empujando mis caderas contra la barra pulida. Su boca se estrelló contra la mía, hambrienta y exigente. Nuestras lenguas se enredaron al instante, húmedas y urgentes. Sus grandes manos desabrocharon rápido los botones de mi blusa negra de camarera, casi arrancándolos. Cada botón que se abría me hacía gemir contra su boca. El aire frío me golpeó la piel cuando apartó la tela de mis hombros, dejando a la vista mi sujetador de encaje.

“Joder, qué tetas —gruñó contra mis labios, estrujándolas con brusquedad por encima de las copas finas. Bajó el sujetador de un tirón, liberando mis pechos. Mis pezones se endurecieron al instante. Bajó la cabeza y se metió un pezón duro en la boca, moviendo la lengua rápido. Arqueé la espalda, jadeando.

“Marcus… ay, Dios…” Mis manos buscaron a tientas los botones de su camisa, necesitando sentir su piel. Arranqué los dos últimos; salieron disparados por el suelo. Su pecho era firme, cubierto de un vello ligero, cálido bajo mis palmas. Le pasé las uñas por el pecho y él siseó de placer.

Me subió la falda ajustada hasta la cintura de un solo movimiento brusco. La tela negra se arremolinó en mis caderas. Sus dedos se engancharon en mis bragas empapadas y las bajó por mis muslos. Se engancharon en un tacón; las aparté de una patada, impaciente.

“Mira ese coño casado tan bonito,” murmuró, deslizando dos dedos gruesos a lo largo de mi raja. Estaba empapada. Me metió ambos dedos dentro sin avisar, curvándolos con fuerza contra mi pared frontal. Las rodillas me flaquearon.

“Sí, justo ahí —jadeé, restregándome contra su mano. El sonido húmedo y obsceno de sus dedos follándome llenó el tranquilo restaurante. Añadió un tercero, estirándome, mientras su pulgar rodeaba mi clítoris hinchado con círculos precisos y perfectos.

Me corrí rápido, vergonzosamente rápido, apretándome alrededor de sus dedos con un grito agudo. Mis jugos le corrieron por la muñeca. Él no se detuvo, bombeando a través de mis espasmos hasta que estuve temblando.

“Turn around,” he ordered, spinning me to face the bar. I braced my hands on the cool wood, ass out. He unzipped, and I felt the heavy, hot weight of his thick cock slap against my ass cheek. God, it was big—veiny and flushed dark.

Frotó la cabeza gruesa arriba y abajo por mis labios, cubriéndose con mi humedad. “¿Quieres esta polla, Lila? ¿Quieres que tu vecino te folle a pelo donde cualquiera en el muelle pueda verlo?”

The marina lights sparkled outside. Beyond the terrace railing, his sleek yacht bobbed gently at the private pier, deck lights glowing soft gold. The thought of being watched while he claimed me made my pussy flutter.

“Sí —supliqué—. Fóllame, Marcus. Por favor.”

He thrust in hard, burying every inch in one stroke. The sudden fullness punched the air from my lungs. My walls stretched around his girth, fluttering wildly. He groaned deep in his chest, hands gripping my hips so tight I knew I’d bruise.

“Jesús, estás muy estrecha… aprietas mi polla como si no quisieras soltarla nunca. —Se retiró despacio y luego volvió a embestir, marcando un ritmo brutal. El sonido de piel chocando contra piel resonó en las mesas vacías. Mis tetas se balanceaban con cada embestida y mis pezones rozaban la superficie de la barra.

I pushed back to meet him, desperate. “Harder—fuck me harder. I need it.”

He reached around and rubbed my clit in fast circles while pounding me. The dual sensation sent me spiraling again. My second orgasm hit like a wave, pussy gushing around his cock. I cried out his name, legs trembling.

Marcus salió de repente, con la respiración entrecortada. Me giró para ponerme de frente, me subió a la barra dejando mi culo apoyado en el borde. Mis piernas se enroscaron instintivamente alrededor de su cintura. Volvió a entrar de una sola embestida suave, más profundo en ese ángulo. Su boca encontró mi cuello, chupando marcas en mi piel mientras me follaba con embestidas largas y potentes.

“Play with your tits for me,” he rasped. I cupped them, pinching my own nipples, rolling them between fingers as he watched, eyes dark with lust. The yacht’s silhouette swayed outside the windows, a silent witness.

Su ritmo se volvió errático. “Voy a correrme… ¿dónde lo quieres?”

“Inside,” I gasped, locking my ankles behind his back. “Fill my married pussy. Do it.”

Con un gemido gutural se enterró hasta el fondo. Su polla palpitó con fuerza, inundándome con chorros espesos y calientes de semen. Sentí cada embestida, mis paredes ordeñándolo con avidez hasta que quedó vacío.

We stayed locked together, panting, foreheads pressed. His cum slowly leaked out around his softening cock, dripping onto the bar. The scent of sex and ocean air mingled.

Finalmente se apartó, con una sonrisa perezosa extendiéndose por su rostro. Yo empecé a reír primero: una risa ligera, sin aliento, un poco sorprendida de mí misma. Él me siguió, con carcajadas graves que vibraban contra mi pecho mientras me ayudaba a bajar con las piernas temblorosas.

“Supongo que al final sí nos llevamos ese yate a un crucero de medianoche,” dijo, besándome la punta de la nariz. “No puedo mandarte a casa con tu marido cubierta de mi semen sin una coartada decente.”

Le di una palmada en el brazo, todavía riendo, mi cuerpo vibrando de satisfacción y con la promesa de más.

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