La amiga insaciable
El salón de la casa junto al lago ya olía a vino, risas y el leve almizcle de cuerpos bailando. Estaba tumbada en el amplio sofá de cuero, y a mi lado estaba Val, mi amiga de toda la vida a la que todas en la despedida de soltera llamaban «Val la Insaciable» por su apetito sin fondo. Sus ojos ardían al mirarme, y podía sentir sus dedos ya deslizándose por mi muslo bajo la tela fina de mi vestido.
"Estás especialmente jugosa esta noche," me susurró al oído, apretando sus tetas contra mí. Su aliento me quemaba la piel. "Ya estoy mojada solo de pensar en follarte aquí mismo."
Tragué saliva, sintiendo cómo mis pezones se endurecían bajo la tela. En cualquier momento las demás chicas podían entrar con botellas, o alguno de los vecinos—la casa estaba llena de invitados. Pero eso solo lo hacía más excitante. Val no esperó. Su mano me subió el vestido de un tirón, y sus dedos encontraron mi raja mojada bajo las bragas de inmediato.
«Joder, ya estás empapada», suspiró, pasando su dedo corazón por mis labios. «Qué coño tan caliente... quiero lamerlo ahora mismo.»
Abrí más las piernas, con el corazón latiendo fuerte. Val se deslizó sobre la alfombra entre mis rodillas, me subió el vestido hasta la cintura y me arrancó las bragas. Su lengua caliente se estrelló directo contra mi clítoris, lamiendo con avidez, chupando. Le agarré el pelo y la apreté más contra mí.
"Sí... así, zorra... más profundo," gemí, mordiéndome el labio para no gritar. Su lengua se hundió dentro de mí, bebiéndose mi humedad, y luego atacó mi clítoris hinchado otra vez. Los sonidos eran tan fuertes—chupadas ruidosas, golpes húmedos, mi respiración entrecortada. El olor a excitación llenaba la habitación.
Val se apartó un segundo, con los labios brillantes de mis jugos.
"Quiero que te corras en mi lengua mientras cualquiera podría entrar... Imagina que nos pillan—dos zorras calientes en la alfombra."
Enterró la cara en mi coño otra vez, aún más fuerte esta vez. Dos dedos se metieron dentro de mí bruscamente, bombeando al ritmo de su lengua. Arqueé la espalda, sintiendo la ola crecer en lo más profundo. Mis muslos temblaban, ya no podía aguantar más.
"Val... voy a... joder, ¡no pares!" casi grité, y el orgasmo me golpeó fuerte. Mi coño se apretó alrededor de sus dedos, me corrí con violencia, salpicando su barbilla. Val tragó con avidez, sin apartarse hasta que quedé sin fuerzas.
Pero no me dio tiempo a recuperar el aliento. Se levantó, se quitó el vestido corto—nada debajo. Su coño suave y resbaladizo de sudor ya estaba hinchado. Val me empujó de espaldas al sofá, se subió encima mirándome y apretó su raja mojada contra mi boca.
"Ahora me comes hasta que me corra," ordenó, restregándose contra mis labios. "Vamos, lengua adentro... más profundo, putita."
Le agarré el culo firme con ambas manos y empecé a lamer. Su sabor era dulce y salado, su clítoris palpitando contra mi lengua. Val se movía cada vez más rápido, sus grandes tetas botando, pellizcándose los pezones y gimiendo en voz alta.
"Oh, joder... cómo lames... más profundo en mi coño, ¡sí!" Me agarró del pelo, literalmente cabalgando mi lengua. Sentí sus jugos correr por mi barbilla, sus muslos temblando. Los únicos sonidos en la habitación eran sus gemidos y el chupeteo húmedo de mi trabajo.
De repente se apartó, se dio la vuelta y se tumbó encima de mí en un 69. Su cara enterrada otra vez entre mis piernas, y yo tenía acceso total a su coño, brillante de saliva y jugos. Las dos nos pusimos a trabajar con lenguas y dedos al mismo tiempo. Le metí dos dedos y empecé a follarla rápido, chupándole el clítoris a la vez. Val me hizo lo mismo.
"Córrete conmigo... hagámoslo juntas," gruñó, con la voz temblorosa. "Quiero sentir tu coño apretando mis dedos."
Nos embestimos cada vez más rápido. Los sonidos se volvieron completamente obscenos: palmadas húmedas, gemidos, maldiciones. Sentí mi segundo orgasmo formándose primero. Mis muslos temblaron, gemí contra su coño y me corrí otra vez, apretando fuerte alrededor de sus dedos. Eso la desató: Val aulló, su cuerpo se arqueó, chorros calientes salpicaron mi cara. Se corrió tan fuerte que apenas pude tragar lo suficientemente rápido.
Nos quedamos ahí, respirando fuerte, enredadas, empapadas de sudor y jugos. Sus dedos seguían dentro de mí, moviéndose con pereza.
"Eres jodidamente insaciable..." susurró Val, besando mi clítoris mojado. "La próxima traemos juguetes y montamos un espectáculo de verdad para quien entre."
Solo me reí, sintiendo el calor empezando a acumularse de nuevo. Fuera, por la ventana, podía oír las voces de nuestras amigas acercándose a la casa, pero ya no nos importaba.
Del blog
- Compañeros de IA para adultos: qué esperar del chat sexual con IA
- Cómo escribir descripciones sensuales que se sientan reales, no cursis
- Historias nocturnas: las mejores lecturas eróticas antes de dormir
- ¿Cómo sacar el máximo provecho de las historias eróticas gratuitas con IA?
- Fantasía de infidelidad en la ficción: por qué los lectores ansían lo prohibido
- Relatos BDSM con consentimiento: una guía para principiantes