Dedos a la luz del fuego

7 min de lectura

En el instante en que Lena se deslizó sobre el desgastado taburete de cuero de la barra del chalet, mi polla se estremeció tras el mostrador de roble. Estaba sola, las mejillas sonrosadas por el aire fresco de la montaña, su ajustado suéter negro ceñido a unos pechos generosos que subían y bajaban con cada respiración. La nieve arremolinaba contra los altos ventanales del refugio vacío, la chimenea crepitaba suavemente tras nosotros. Solo nosotros dos esta noche—los últimos huéspedes se habían ido a dormir, dejando el silencio alpino cargado de posibilidades.

"¿Qué te apetece en una noche como esta?" pregunté, inclinándome para que mi voz bajara a un tono íntimo. Me llamo Jax, y la había estado observando desde que hizo el check-in hace dos días, imaginando exactamente cómo sabría su coño.

Los ojos avellana de Lena se clavaron en los míos, una sonrisa pícara curvó sus labios. "Algo caliente... y fuerte. Sorpréndeme, barman."

Le serví un whisky ahumado solo, deslizando la copa para que nuestros dedos se rozaran. La chispa fue instantánea. Ella no se apartó. En cambio, mantuvo mi mirada mientras sorbía, su lengua asomándose para atrapar una gota en su labio inferior.

"Silencio esta noche," murmuró, echando un vistazo a la habitación tenuemente iluminada. "Solo tú y yo, Jax. Hace que una chica se pregunte en qué tipo de líos podríamos meternos."

Mi pulso martilleaba. Di la vuelta a la barra, lo suficientemente cerca para que sus rodillas se separaran ligeramente, dejándome entrar. "Me has estado provocando con ese culo cada vez que pasas, Lena. Inclinándote junto al fuego, estirándote en esos vaqueros ajustados. ¿Quieres mis manos sobre ti?"

Su respiración se entrecortó, pero asintió, con voz ronca. "Sí. Tócame. Justo aquí."

No dudé. Mi palma se deslizó por su muslo, apretando la carne suave a través del denim antes de cubrir su coño con audacia sobre la tela. Ella jadeó, separando más las piernas en el taburete. Hice círculos lentos contra su clítoris, sintiendo el calor florecer incluso a través de la prenda.

"Joder, ya estás mojada," gruñí suavemente, presionando con más fuerza. "Ese coño está empapado por los dedos de un extraño."

Lena gimió, agarrando el borde de la barra. "Mmm... más fuerte, Jax. He estado deseándolo desde que te vi mezclando bebidas ayer. Manoséame como si te perteneciera."

Con la mano libre, abrí el botón de sus vaqueros, bajando la cremallera de un tirón. Mis dedos se colaron dentro de sus bragas, encontrando pliegues húmedos y desnudos. Dos dedos gruesos se hundieron al instante en su coño estrecho, curvándose para acariciar ese punto esponjoso en su interior. Ella se arqueó contra mi mano, su jugoso culo moviéndose sobre el cuero.

"Oh dios... sí, dedéame ese coño," susurró, con los ojos entrecerrados. El sonido húmedo de mis dedos entrando y saliendo llenó el chalet silencioso, mezclándose con el crepitar del fuego. Usé mi pulgar para frotar su clítoris hinchado en círculos firmes mientras mi otra mano manoseaba su teta, pellizcando el pezón duro a través del suéter.

Las caderas de Lena se mecían sin vergüenza, cabalgando mis dedos. "Más profundo... Me encanta cómo me manoseas, como si no pudieras dejar de tocar cada centímetro."

Retiré mi mano solo el tiempo suficiente para bajarle los vaqueros y las bragas empapadas hasta los tobillos. Ella los pateó, abriéndose de piernas en el taburete, su coño brillante expuesto a la luz del fuego. Me arrodillé, enterrando mi cara entre sus muslos. Mi lengua lamió franjas amplias por su raja, chupando su clítoris entre mis labios mientras mis manos manoseaban sus jugosas nalgas, separándolas para que mis dedos pudieran provocar su ano estrecho.

"¡Jax! Tu boca... joder, no dejes de lamer mi clítoris," jadeó, enredando sus dedos en mi pelo. Sus muslos temblaban alrededor de mi cabeza mientras la devoraba, el sabor almizclado-dulce de su excitación cubriendo mi lengua. Deslicé dos dedos de nuevo en su coño goteante, bombeando rápido mientras mi meñique rodeaba su agujero fruncido.

Se vino fuerte la primera vez, su coño apretándose alrededor de mis dedos, un chorro de humedad inundando mi palma. "Me corro... oh mierda, ¡sí!"

Me levanté, mi polla tensándose dolorosamente contra mis pantalones. Los ojos de Lena estaban salvajes de lujuria. Se deslizó del taburete con piernas temblorosas, girándose para apoyar las manos en la barra. Su culo perfecto se empujó hacia mí, invitando.

"Tómame ahora," suplicó, mirando por encima del hombro. "Manoséame las tetas mientras me follas por detrás. Necesito esa polla estirando mi coño."

Liberé mi gruesa polla, frotando la gran cabeza a lo largo de su raja empapada. Con una mano manoseando una teta pesada, pellizcando el pezón, me introduje profundamente en su coño de un solo golpe suave. El calor estrecho y aterciopelado me apretó como un torno. Lena gritó, empujando hacia atrás para encontrarse con cada embestida.

"Más fuerte, Jax... manoséame por todas partes mientras machacas este coño," gimió. Le di una palmada ligera en el culo, viéndolo rebotar, luego alcancé a frotar su clítoris mientras la follaba profunda y constantemente. La barra crujió bajo nosotros, sus tetas saltando en mi palma manoseadora con cada golpe de piel contra piel.

Cambié de posición, levantándola sobre la barra para que me enfrentara, con las piernas envueltas alrededor de mi cintura. Mi polla volvió a entrar a su agujero goteante, alcanzando nuevos ángulos que le hicieron poner los ojos en blanco. Ahora manoseaba ambas tetas, chupando un pezón en mi boca mientras mis caderas se lanzaban hacia adelante sin piedad.

"Te sientes tan jodidamente bien," gemí contra su piel. "Este coño estrecho está ordeñando mi polla."

El segundo orgasmo de Lena llegó como una ola, sus paredes palpitando salvajemente a mi alrededor, un chorro caliente empapando mis pelotas. "Córrete dentro de mí... ¡llena este coño!"

No pude contenerme. Con una última embestida profunda, me enterré hasta el fondo y estallé, gruesos chorros de semen inundando su coño espasmódico. Permanecemos unidos, jadeando, mis manos aún manoseando perezosamente sus curvas resbaladizas de sudor mientras el fuego seguía crepitando.

Después de un momento, Lena me besó lenta y profundamente, sonriendo contra mis labios. "El mejor trago de la noche que he tomado nunca. ¿Crees que la nieve nos mantendrá atrapados aquí mañana también?"

Me reí, dándole a su culo un último apretón posesivo. "Si no lo hace, encontraré otra excusa para poner mis manos sobre ti."

¿Qué pasó después?Inicia sesión y la IA continuará este relato especialmente para ti. Gratis.
Descubre qué pasó después
Categorías: